martes, 11 de marzo de 2014

*EXTRACTOS ONÍRICOS -Parte 3: La Radio-


¿Alguna vez te has encontrado solo, en medio del silencio u la oscuridad? Supongo que momentos así solían ocurrirte muy a menudo cuando eras niño. No es de extrañar. Las cosas más espeluznantes parecen estar siempre al borde del recuerdo, del olvido, para que el individuo pueda seguir adelante sin detenerse a pensar en el por qué de las cosas cuando éstas acontecieron. Pero la verdad es que siempre quedarán allí, tus primeros miedos. Es imposible escapar de ellos del todo.
Justamente estaba merodeando entre los recuerdos dispersos de mi creador y encontré algo sumamente interesante. Puede que lo denominen como una mera coincidencia de circunstancias... pero vaya experiencia que fue aquella. Nuestro pequeño Agente, se encontraba solo en casa. Sus padres habían salido a comprar por unas horas. Se encontraba tranquilo, sentado en la mesa de la sala, haciendo sus deberes escolares. Por aquella época era normal encender la radio y ponerse a escuchar su estación favorita para hacer menos notorio el hecho de que estaba completamente solo en ese pequeño departamento.
Pero es a partir de aquí que el recuerdo se estropea, se vuelve una pesadilla.
Por alguna razón, el Agente siempre estaba listo para correr de lo que fuera que pasase en ese lugar. Le aterraba mucho estar de espaldas a las varias puertas entreabiertas de su hogar. Temía que algo se aproximase por detrás, para arrastrarlo hacia las sombras y de ahí nunca más salir. Vaya fantasía la que aquejaba al pequeñito, nunca lo dejaba tranquilo.
Y entonces, habiendo pasado ya varios minutos, notó que sus padres aún no regresaban de las compras. No se preocupó mucho al principio. Es decir, no podía pasar nada malo en el camino... ¿o sí? Verán, esta idea no era nueva para nada. Siempre el temor de perderlo todo, de quedar extraviado, perdido y solo en este mundo que aún no conocía muy bien. Entonces, lentamente se levantó de la mesa y miró a su alrededor.
La radio dejó de sonar de un momento a otro y solo se escuchó estática, a un volumen muy bajo. Hay que decirlo, claro, que este aparato tenía un par de luces rojas y verdes. La primera indicaba que estaba encendido y la segunda, que una estación estaba bien sintonizada. Era extraño, ni siquiera la había tocado. No había alguna razón lógica para que se descompusiese así, pensaba para sí mismo. Sin más, decidió quedarse allí, de pie, hasta que el miedo se le pasara.

...pasaron varios minutos y el niño seguía allí, junto a la puerta de salida. La luz del candelabro lo iluminaba todo menos las habitaciones al fondo de la casa. El baño, la habitación de sus padres, de la abuelita y la de él mismo ahora se habían vuelto zonas completamente peligrosas. Pensó que algo lo estaba observando desde una de ellas, y también que se movía entre las densas tinieblas. Entonces, tomando una gran bocanada de aire, decidió enfrentar su paranoia y exclamó: "¡No te tengo miedo! ¡No puedes hacerme daño! ¡¿Me has escuchado?! ¡No te tengo miedo!"
Casi al término de sus palabras, la luz verde de la radio comenzó a tiritar por sí sola, completamente loca. Pero no bastó con eso, no fue suficiente el escalofrío que recorría la espalda del niño y el horror que poco a poco lo sumergía en un mar del cual no escaparía tan fácilmente. Sino que la radio comenzó a sonar, sí, a emitir unos extraños ruidos que jamás había oído. Las estaciones siguieron luego, cambiando de un momento a otro, como si alguien estuviese jugando con el radial. Pero ése era justamente el problema: que no había nadie en ese departamento salvo una joven víctima. 
Éste no pudo soportarlo. Corrió hacia la puerta y trató de abrirla tan rápido como pudo, pero el miedo lo había dejado casi inmóvil, haciéndolo torpe. Los pensamientos más macabros vinieron como lluvia a su cabecita, apresurándose como podía. Y sí, se dio cuenta de que estaba dándole la espalda a todo, no sabía que estaba ocurriendo detrás suyo. Tan solo el ruido de una radio enloquecida, manipulada por algo que no podía ver. Finalmente fue capaz de salir, saliendo hasta las escaleras del edificio, tomando aire y sintiendo que su corazón estallaría en cualquier momento.

Sus padres vinieron al rato y se sorprendieron de encontrarlo sentado en el sofá, con los libros del colegio abiertos de par en par. Había avanzado, pero aún no terminaba la tarea. Le preguntaron por qué estaba tan asustando. La explicación no convenció a nadie, quedó como una simple coincidencia. Por supuesto, el niño había sido lo suficientemente valiente como para regresar a la casa, encontrando la radio en su estación habitual. Pero no se fió de ella. De hecho, luego de dicha experiencia, no volvió a utilizar la radio hasta mucho después. Y lo primero que hizo fue manipular el radial, haciendo como si estuviese jugando con ella.
Pero no era igual. El sonido muerto y las tenebrosas melodías combinadas no se hicieron presentes nunca jamás. Entonces ¿qué había sido eso? ¿Qué explicación podía atribuirle? ¿Coincidencia o algo más? En su recuerdo queda aún la espantosa impresión de aquella noche. Y lo cierto es... que nunca estuvo más cerca de contactar con "algo" sobrenatural. 
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Escrito por: Kuroneko
Código: 4634DI4AL

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