domingo, 23 de noviembre de 2014

*Coberturas In Black #7 - [Patrimonios Históricos del Japón, Exhibición de Maquetas]


No es la primera vez que nos topamos con algo muy curioso o espléndido en la cultura japonesa. De hecho, ya nos habíamos explayado un poco con las presentaciones que en el Centro Cultural Peruano Japonés se suelen realizar cada cierto tiempo (por lo general, cuando la temporada de celebración por el aniversario Nikkei se acerca).
Hemos visto hasta el momento las hermosas muñecas tradicionales, diferentes maneras de explotar el arte del origami, una interesante y multicolor exposición de pinturas en óleo de varios artistas, y ahora le toca la batuta a un conjunto de peculiares representaciones del patrimonio japonés. Pero entonces surge la duda y la correspondiente pregunta: “¿qué es un patrimonio?”.

Es más que seguro que a muchos de nosotros se nos vendrá a la cabeza un lugar u objeto de antaño cuando la palabra “patrimonio” se pronuncia tan a la ligera. Y no estaríamos equivocados en ello. Pero es posible que, ante la necesidad y la situación, el término pueda referirse también a todo aquello que posea una identidad propia, pura, privada y muy personal de lo que uno concibe de su propio territorio o lugar de nacimiento. Pero sobre todas estas cosas, aquello debe expresar algo que esté “vivo”, latente en la tradición y que sirva como puente estratégico hacia la nostalgia del individuo que lo percibe. En pocas palabras, el patrimonio es un conjunto de valores adquiridos en un objeto, lugar, acto, y cualquier otra manifestación viva en la tradición de una cultura.


Aclarado esto, vamos entonces paso a pasito, mirando con detenimiento cada aspecto y detalle de lo que la galería nos muestra en esta oportunidad. Primero, recordemos un poco. Las muñecas que se nos presentan ahora, fueron mencionadas en una Cobertura In Black más temprana (Ningyou no Imi [Evento "Muñecas Japonesas", APJ]), sin embargo ahora toca repasar lo aprendido y mirar de nuevo, prestando atención a la vestimenta.

Tanto la Miko y el Kannushi representan el conjunto de creencias del sintoísmo, no sólo por ser autoridades en el templo (servidora y sacerdote respectivamente), sino porque también aquello estaba presente en el vestir. El kimono utilizado es muy distinto al que se suele emplear en otro tipo de celebraciones, especialmente si uno considera que a más mantos, de mayor relevancia es la persona. Dicho sea de paso, ¿sabías que al decir “kimono”, es como si dijeras “casaca”? Así de general estás siendo, puesto que, al igual que las casacas, existen distintos tipos de kimono para cada persona, para cada ocasión. Puede que el tiempo pase por nosotros, pero nunca por lo que uno deja atrás de sí, y para alivio de muchos, el Miko y el Nannushi permanecerán allí para que las generaciones posteriores no olviden su tradición.


El Keishuku es un estilo característico tanto en la vestimenta japonesa, que representa la dicha y la felicidad de asistir a una celebración. Entiéndase por esto último todo lo que tenga que ver con el festejo moderno y/o tradicional que cada cultura posee. En el caso del país del sol naciente, podría ser desde una boda hasta un tipo de Matsuri. Fijémonos en el modo en que la pareja representada utiliza los kimono, uno de ellos es un enterizo blanco, acompañado por un sombrero sin copa y un peinado estilizado redondo. El hombre presenta más bien un color azulino, presencial pero quizá no tan copado como el Keishuku femenino. De cualquier forma, ambos se complementan para la ocasión ¿tú qué opinas?


Ya era hora de irnos despegando del tradicional kimono y sus usos (puesto que en la exposición hay otras muñecas que vuelven a hacer presencia). Ahora le toca el turno a lo “cotidiano”, por así decirlo, para todos aquellos que podían ser identificados por el tipo de oficio que desempeñaban. Y no es que haya variado mucho realmente, pero ciertamente poseen la esencia de lo propio en la cultura nipona. Así pues, vemos tres caballeros, cada uno más distinto que el otro, desempeñando una función en la sociedad. El Sakana-ya (vendedor de pescados) viste casual, con un mandil negro y una cinta amarrada a la frente mientras sostiene un enorme pescado. El Yao-ya (verdulero), es un poco más alegre, con su gorrita en la cabeza, mientras sostiene un cajón de Yasai (verdura). Y el Daiku (carpintero) aparece cargando una pieza tallada de madera, también con cinta en la cabeza y un atuendo azulino. Tal y como afirmamos al inicio, quizá no haya magia en el concepto, pero sí en la expresión de lo cotidiano.


Ya era hora de despegarnos un poco de los vestidos y las personas para pasar otro plano que a muchos les encantará: ¡¡COMIDA!! Así es, tal y como lo estás leyendo. Cuidado que mientras nos deleitamos con las maquetas, vayas a pensar que éstas son reales. Primero, vamos con el Sushi, uno de los platos más característicos de la cultura nipona. Y sí, ya sabemos que el texto está en Inglés… pero ¡don´t worry! ¡Aquí te lo explicamos todo!


El Edomae Sushi (sí, con todo y apellido), es arroz hervido con pescado fresco, cuya formación ha ido variando a través de los años, servido con una salsa de Wasabi como complemento ideal. El truco del plato consiste en que no debe ser muy blando al morder, y debe poseer ese toque de vinagre, sal y azúcar. Habíamos dicho que la formación podía variar, yendo desde el salmón hasta las colitas de langostinos según el gusto de la persona. Sin embargo, la tradición marca que este plato era de consumo popular, casi siempre servido con lo que se podía pescar en la bahía de Tokyo. ¿Qué puede ser más tradicional que el Sushi? 
¡Espera que hay mucho más!
  

Otro más que nos puede abrir el apetito es el Tempura. Es una deliciosa combinación de vegetales japoneses con pescado frito, puesto todo junto de manera crocante con harina de huevo. Y este es parte de la magia, en el momento en que este plato sale caliente de la sartén para servirse ante los ojos del hambriento, quien podrá acompañarlo con una salsa de Kaya (hecha a partir de la nuez moscada). En la ilustración vemos una representación un poco más tradicional del Tempura, al ser presentado en un plato rústico, con los palillos Ohashi y la salsa de nueces.

  
En definitiva son los platos japoneses los que se están llevando el show en esta oportunidad ¿o no? Por lo menos te hemos despertado el hambre, estimado lector. En la siguiente representación vemos dos platos muy distintos puestos juntos, como quien se dispone a darse un almuerzo de los dioses. El Soba, básicamente consiste en hervir y servir bien caliente el fideo derivado del trigo sarraceno, cuya presentación puede venir como en la foto (al natural con especias) o en sopa, una que puede ser acompañada con pollo, tortilla de huevo hervido, verduras y demás complementos. Pero la base no debe faltar nunca: ¡los fideos!
Se dice que el plato, además de ser muy saludable, es milenario en tradición, tanto que ha servido de inspiración en diferentes composiciones poéticas sobre su “místico” sabor, por ser comparado frecuentemente con la representación de una vida larga.

Y ahora vamos con el Bento (dicho respetuosamente como “O-bento”), es el plato que sirve como el perfecto acompañante cuando uno decide estar fuera de casa y tiene múltiples usos en Japón, desde una excursión para niños, hasta cuando uno decide estar presente en el florecimiento de los cerezos. Su contenido puede variar, dependiendo de los gustos del cocinero, pero puede tener en esencia: pescado fresco de acuerdo a temporada, pescado batido, enrollado de huevo, pepinillo, arroz hervido y verduras cocidas. De cualquier forma, el objetivo es que el sabor de uno de estos elementos no interfiera en la degustación general para que la persona pueda tomar “un poco de todo”.



Y ahora damos paso a las representaciones de los hermosos templos japoneses… ¡en miniatura! No, no hemos viajado al país del Gulliver japonés (?), sino que la embajada se tomó la molestia de trasladar estas casitas con el objetivo de conocer un poco más acerca de los atractivos visuales que dichas milenarias construcciones poseen. Son muchas, pero aquí adjuntamos las más interesantes.


Vamos a iniciar con el Templo Yakushiji (año 697). Su construcción está basada en el estilo coreano, bajo el deseo del emperador Temmu para curar la enfermedad de su esposa. He ahí el porqué del nombre, pues procede del Buda de la curación, Yakushiji.


El templo Toshogu es sintoísta y se ubica en la ciudad de Nikko, prefectura de Tochigi. Sirve como un centro turístico actual, pero sirvió como centro religioso de la región Kanto. Posee como parte de su decoración más de 300 animales místicos (dragones, jirafas, leones, y más).


El Shurei-mon (no, no es un Digimon), es una entrada al Castillo de Shuri (1529), de la prefectura de Okinawa, tan característica y simbólica como el conjunto de templos y ruinas que se hallan en la prefectura, pertenecientes al antiguo reino de Ryukyu. Cuando pases por esta entrada (sí, ten fe y podrás ir a Japón muy pronto), ten en cuenta que te encuentras visitando uno de los patrimonios de la humanidad protegidos por la UNESCO.


El templo de Itsukushima (593 a.c.) está ubicado en una de las islas de la prefectura de Hiroshima. Fue hecho con el propósito de rendir culto a los dioses que protegían la cosecha y propiciaban la pesca. La historia nos indica que, más bien, el templo fue construido por orden directa de estos dioses, edificándose sobre el mar, lo cual puede ser un problema para quienes detestan subirse a los barcos por el tema del mareo (exactamente, este templo también “flota” sobre el mar cuando la marea sube).


Y bueno, queríamos despedir el presente artículo con algo que les hiciese recordar la Navidad que ya está pronto por venir. El Kinkakuji es conocido como el “Templo del Pabellón de Oro”, fue edificado en Kyoto y sufrió una serie de daños físicos a lo largo de los años, reconstruyéndose por completo en 1955. Posee tres pisos en total, cada uno con un estilo característico. En orden, éstos son el Shinden Zukuri, Samurai y Zen. Si vienes aquí, date un tiempo para pasear por los jardines y visitar cada uno de los pisos.

Finalmente, ten en cuenta que todas estas obras del hombre, comidas y vestimentas son nada más y nada menos que un testimonio de la identificación de un gran grupo de personas (población) por aquello en lo que puede llamar “propio”. Estoy seguro que, seas del país que seas, también posees patrimonios que debes proteger. Respeta tu historia y sobretodo, el legado que queda a través del tiempo. Cuando nosotros nos vayamos de este mundo, es probable que estas obras maravillosas hablen por uno. Deja que el patrimonio se la voz eterna que resuene por siempre en los ecos de la historia de tu país.
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Redacción: Juan Carlos [The Agent]
Fotografía y edición: Kuroneko
Código: 82A3TRI3NO2

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